viernes, 8 de septiembre de 2017



VIOLENCIA DE GÉNERO
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       para objetar lo que está vinculado con él género apunta desde la existencia del hombre.  La sociedad quien a lo largo del tiempo ha sido quien los relaciona con términos que determinan si es hombre o mujer, han llevado a los constructos sociales de un sexo y del otro formando los estereotipos en muchos de los casos, sin ahondar en el tema del comportamiento social tanto de hombre como mujer no es la forma como se ve a las personas por su apariencia física sino el interés del rol hacia varios aspectos en el que se desenvuelven.

       Considerándose así que las raíces de sometimiento  y obediencia ciega, sin derecho a refutar o contradecir por parte de las mujeres a lo largo de la historia se encuentra precisamente en el modelo patriarcal, donde la línea jerárquica ha sido y sigue siendo en muchos casos que las mujeres están subordinadas a los hombres, encasillándolas en una postura inferior tanto en el ámbito familiar como social. Sin dejar de lado la discriminación que sufren si es qué se atreviesen por sólo un instante a trasgredir estas normas marcadas que aún se dan en gran medida en la sociedades, y de forma solapada o enmascarada en nuestra cultura, una mujer debe comportarse como tal, eso es muy común escuchar en todas las culturas, es decir; que por el hecho de ser mujer hay que aprender a cocinar, ser madre, esposa amorosa, comprensiva, saber lavar, limpiar etc., lo contrario significaría rebeldí, estas mujeres no defienden sus derechos dejándose maltratar por no cumplir lo que le imponen.



     

       Otros teóricos defensores de la opresión de género se han cuestionado la situación de las mujeres con respecto a los hombres y han puesto especial énfasis en comprender cuán sometidas y oprimidas están por ellos. Tal opresión tiene sus raíces en la sociedad, su organización y estructura, dentro de éstas, no se puede obviar el patriarcado ¨como estructura primaria de poder que se mantiene intencionada y deliberadamente en las cuáles las diferencias de género y su desigualdad son subproductos del propio patriarcado¨ (Pérez, 2012, p. 150).
       
     Se considera que las raíces de subordinación y sumisión por parte de las mujeres a través de la historia se encuentra en el patriarcado, donde el orden patriarcal supone una jerarquía que sigue la línea de género y generación, donde las mujeres y generaciones están subordinadas a los hombres enmarcándolas en una posición inferior tanto en la vida familiar como la pública. 
       
     Sobre el patriarcado, las Teorías Feministas o Socio sexuales,  como contribución al estudio de género, sustentan la idea del lugar subordinado que se le asigna a la mujer en la sociedad y en la familia. Consideran además, la discriminación que sufren ellas, por su identidad sexual (diferencias en los procesos de socialización, especialmente en el ámbito de la familia y la educación) (Pintos, 2013, p. 226).  Para algunos autores las diferencias de género están dadas sobre todo por diferencias, biológicas, psicológicas e institucionales, y por lo cual lo institucional marca una diferencia sobre todo en el desempeño de roles, la mujer se asocia al rol materno, crianza y cuidado de los hijos, esposa, madre y ama de casa haciendo en ellas una experiencia de vida diferente a la de los hombres.





              La misma cultura desde el nacimiento del niño o niña ya le asignan un rol, por ser varón su ropa será celeste, le obsequian carros, balones, y todo aquello que debe tener un varoncito, mientras que a las niñas color de ropa rosado, muñecas tipos bebes, cocinitas, y todo aquello que debería caracterizar a una mujercita, no hay lugar a elección “así es y así debe ser” dice la cultura, por otro lado el niño va creciendo y se le dice no llores cuando se golpea, porque los hombres no lloran, en cambio a las niñas se les dice que deben aprender a cocinar para que sean buenas mujeres cuando crezcan, todo esto que ha sido tan natural desde la antigüedad es lo que acarrea tales problemas tanto para hombres como para mujeres.
     
        El género forma parte de la realidad subjetiva, social e individual, y condiciona la conducta de los hombres y las mujeres, quienes expresan sus expectativas, normas, valores y comportamientos a partir de la visión de lo que es femenino y lo que es masculino. Debido a la interiorización de éstos modelos de género, se construyen roles que tienden a reproducir las diferencias existentes entre hombres y mujeres. Según menciona Molina, E. (2016) “estos roles o estereotipos sociales condicionan de forma distinta al hombre y a la mujer porque ambos son injustamente marcados en diferentes sentidos”. Uno de los géneros se ve histórica y socialmente más privilegiado (género masculino), mientras el otro aparece subordinado al primero (género femenino), (p. 2).   A pesar de los avances en las leyes y la idea de igualdad que se pretende establecer entre hombres y mujeres, el machismo y la cultura patriarcal siguen arraigados en nuestra sociedad, manteniendo relaciones de poder desiguales y persistiendo la subordinación y desvalorización de las mujeres.

       Hacerse hombre o mujer es un proceso socio-cultural que va ligado a la identificación con un género y a los atributos biológicos que designa el sexo. A lo largo de los tiempos el cuerpo de la mujer se ha tomado como un territorio el cual puede ser colonizado por los hombres, quienes adquieren poder sobre el mismo con permiso de ejercer cualquier tipo de abuso o sometimiento sin importar la clase, capacidad, edad o etnia de la mujer.

    Molina, E. (2016) menciona que “consciente de los trasfondos ideológicos de las violencias naturalizadas en el seno de la familia, la comunidad, el medio laboral, el ámbito educativo, el sistema judicial, el sector salud y el Estado, el cual no solamente ha demandado procesos de visibilizarían para conocer las circunstancias que originan la muerte violenta de ciertas mujeres, sino que acompaña el trabajo sostenido por familiares de mujeres asesinadas (principalmente madres y hermanas), y por defensoras de los derechos de las mujeres empeñadas en develar los basamentos de la impunidad”, (p.4). 



       Es muy difícil desarraigar las ideas que fueron implantadas desde la antigüedad, el creer que ser femenina  es sinónimo de debilidad, obediencia, maltrato, irrespeto, etc.,  que para muchos aún sigue siendo algo tan normal tratar a la mujer como objeto que se utiliza, esto se evidencia mayormente en algunos países occidentales, las mujeres son desventuradas desde el momento en que nacen, desde ahí ya están sentenciadas a ser las oprimidas y maltratadas por los hombres, ventajosamente en la mayor parte del planeta ya las mujeres de a poco han ido empoderándose de su autonomía a través de los diferentes roles que hoy cumplen, son madres, esposas, trabajadoras, estudiantes, profesionales, etc., han logrado ganar mucho terreno y demostrar que no son el sexo débil.

       Con relación a las consecuencias que deja la violencia, éstas pueden ser a nivel físico, psicológico y social. Las consecuencias más conocidas son las lesiones como fracturas, hematomas y cicatrices, los abortos, las disfunciones sexuales, las cefaleas, la ansiedad, la depresión, el miedo y otros trastornos psicológicos, el abuso o dependencia de sustancias, el rechazo social, los intentos de suicidio y la muerte.  Debido a que el ejercicio de la violencia se sigue considerando como algo normal, con frecuencia resulta invisible incluso para las mujeres maltratadas, lo que impide una adecuada respuesta al problema. No basta concienciar la violencia hasta ahora naturalizada, también hay que denunciar y cambiar los factores de riesgo para que ésta disminuya, al igual que trabajar en la reparación de las consecuencias explicitas e implícitas que deja dicha violencia en las mujeres.



CITAS BIBLIOGRÁFICAS 

Benavente, R. M., y Valdés, B. A. (2014). Políticas Públicas para la Igualdad de Género (CEPAL). Santiago de Chile: Naciones Unidad.
Molina, G. E. (17 de agosto de 2016). Factores de riesgo y consecuencias de la violencia de género en Colombia. Obtenido de http://ridum.umanizales.edu.co:8080/xmlui/bitstream/handle/6789/2742/Molina_Giraldo_Estefan%C3%ADa_2016.pdf?sequence=4&isAllowed=y
Pallarés, M. (2012). Violencia de Genero . Barcelona: Marget Books.
Pérez, Y. V. (2 de junio de 2012). Violencia de Género: Perspectivas Reales. (J. C. M., Ed.) Contribuciones a las Ciencias Sociales, 40-70. Obtenido de http://www.eumed.net/rev/cccss/20/yvp.html
Pintos, B. M. (Agosto de 2013). Violencia de Genero. Revista en Cultura de la Legalidad - UC3M - Eunomía, 1(4), 226-233. Obtenido de https://e-revistas.uc3m.es/index.php/EUNOM/article/view/2109/1042



BIBLIOGRAFÍA

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Bombino C., Y. (Agosto, 2013). Estudios sobre sexualidad y género. Revista Sexología y Sociedad., 19(1), 2-5. Recuperado de http://revsexologiaysociedad.sld.cu/index.php/sexologiaysociedad/article/viewFile/8/11
Molina, G. E. (Agosto, 2016). Factores de riesgo y consecuencias de la violencia de género en Colombia. Recuperado de http://ridum.umanizales.edu.co:8080/xmlui/bitstream/handle/6789/2742/Molina_Giraldo_Estefan%C3%ADa_2016.pdf?sequence=4&isAllowed=y
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Pérez, Y. V. (Junio 2012). Violencia de Género: Perspectivas Reales. Contribuciones a las Ciencias Sociales, Revista Eumed, 40-70. Recuperado de http://www.eumed.net/rev/cccss/20/yvp.html
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